Entender que nuestros hijos son nuestros, pero a la vez no.  Que son prestados a nosotros en esta vida para quererlos, amarlos, educarlos y prepararlos para el mundo. Que nuestro deber es instruirles un buen camino, para que no se aparten de el.  Que después de cierta edad ya no nos pertenecen, o que en su totalidad nunca lo hicieron.  Que nazcan y dependan de ti a un 200% y luego enfrenten la vida por sí solos.  Para una madre, palabras fuertes, palabras difíciles, pensamientos con emociones encontradas.  Como siempre digo: mis sentimientos en una licuadora.

Como mamá, nada en la vida se siente más tuyo, que tus hijos.  Salen de nosotras, son nuestra esencia, mismas facciones, misma genética, mismo sentido del humor, hay cosas que se heredan que son tan impresionantes.  Pero, aun así, no nos pertenecen.  Le doy vueltas a esto a veces.  Porque no hay nada en el mundo más fuerte que el amor de una madre.  No hay nada que no haría por mis hijos.  Su vida, antes que la mía, sus intereses antes que los míos, ellos antes que yo.  Siempre.  Sin excepciones.  Sin excusas. Punto. Amar a alguien más que a ti mismo, y querer ser mejor persona, para ser un mejor ejemplo.

Entonces, ¿cómo llegar a entender en paz que no son míos para siempre?  Que ahora mismo son mi responsabilidad, pero que luego, su destino dependerá de las acciones y decisiones de ellos, y no voy a poder decidir por ellos.  Aquí es cuando pienso y me agrego 500 libras de presión encima, porque como madre, los siento míos y no lo son .

Traigo un corto ejemplo aquí para explicar que es lo que viene a mi mente en situaciones como estas, como mamá de varones. Veo hombres que se han casado con chicas que los alejan de su familia. Mujeres que vela por sus propios intereses.  Ya sea por inseguridad, caprichos, auto estima, pero el resultado es el mismo.  Y me pongo a pensar, ¿y si me tocan 2 así? Me quedo sin hijos, ya que tengo 2 varones.  Y nuevamente no me siento como si estuviese en una licuadora si no más bien en un procesador.  El pensar que en algunos años algo que se siente tan mio, no lo sera. Pero luego caigo en cuenta nuevamente, que no puedo hacerlos mios porque no me pertenecen. Son un prestamo. Y para mantener este prestamo debo actuar de la forma adecuada.

Vuelvo a la raíz de mi punto en este blog, si es que lo encuentro ya que al hablar de estos temas me vuelvo un rotundo 8.  Mi punto es que mis hijos nunca fueron MIOS.  El limite llegará dependiendo de lo que tu les hayas enseñado y lo que tu les hayas inculcado.  Después de cierto punto ya serán sus decisiones. Quisiera que cuando estén grandes mis hijos lean esto.  Entiendan como me siento, y que sepan que DIA a DIA, me despierto queriendo ser una mejor madre para ellos.  Me despierto queriendo darles TODO el amor del mundo.  Me despierto queriendo darles las herramientas, para que con o sin mi (ojalá que conmigo) sean hombres de bien.  Me despierto, entendiendo que no son míos, pero que ahora mismo dependen de mi y de mis enseñanzas.  Y, sobre todo, me despierto esperando que el amor que les doy sea fruto de un amor en ellos, que a pesar de que ellos ya no sean míos, el amor de ellos hacia mí, sea como si lo fueran.  Por siempre.

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