Matt sonriendo para el selfie 🙂

A mí nunca se me va a olvidar que mi mamá me decía: “te va a salir uno igualito a ti algún día.”  No es que yo fuera mal portada de chiquita porque para nada, pero era más terca que una mula.

Al pensar en pataletas pienso cuando uno viaja en un avión y va una pobre madre con un niño/a que no para de llorar y no puede controlar y uno piensa, “ay esta mamá no puede controlar a su hijo.”  Claro, esto solo lo piensas hasta que tienes hijos después no OSAS en siquiera transitar manso pensamiento.

Bueno, regresando al tema aquí voy. Yo tengo 2 peques. Una con la personalidad más dulce del planeta, igualito al papá (aquí yo cepillando 🏻).  Este niño me enamora todos los días de mi vida con su bondad y labia.  Solo escribo acerca de él y se me aguan los helados (plato para la baba por favor.). La verdad es que con él nunca supe lo que era una pataleta. Pero llegó mi chiquito. Mi reencarnación. Voy a decir que salió con mi terquedad para no hacer que más nadie quede mal. Que niño MAS terco, necio, determinado, obstinado, one-track minded etc. El que me enloquece mis días y hace que mi vida sea tormentosamente divertida.

Con el que he tenido que aprender a manejar la aventuras de las pataletas.  Él a veces se ralla simplemente porque se despertó, y uno queda cual.  Otras veces porque el pancake no estaba suficientemente redondo y otras porque el sol se fue a dormir 🤷🏼‍♀️.  Uno que hace? Ganas no me faltan de tirarme al piso a patalear también.  Y es que lo he tratado, de hacer yo la pataleta para ver si así deja de enloquecerse.  Parece el mismísimo demonio de Tasmania.

Lo he tratado todo.  El librito ese de cómo educar a tus hijos disque trata esto sí y esto no. Que si disciplina positiva y disciplina negativa también.  Amenazas, chantajes y más.  Con un hijo tan pero tan obstinado siempre, me he dado cuenta que la mejor solución es agregarle sazón al asunto.  Un poco de risas es suficiente para el alma.  Lo que MAS me funciona es hacerlo reír.  Ahora, estamos hablando de que él es BIEN TERCO.  Claro que muchas veces no me funciona, y otras simplemente tengo que ser persistente.  Muchas veces las ganas no me faltan de hacer lo más fácil que es darle lo que él quiere: un chocolate, una galleta, una cómica (es básico el pelao,). Pero más terca es la mama y pareciera que la que quiere sufrir soy yo.  Me he puesto como meta de madre de esta criatura que no voy a caer ni ceder a las tentaciones de darle lo que él quiere, porque si no voy a quedar con un chiquillito berrinchoso en la casa.

Toca usar muchos recursos.  A veces he tenido que hacer muchas muchas payasadas.  Pero es la fórmula que no me falla.  Yo quiero transmitirles a mis hijos alegría.  Que se recuerden de su mama y de su niñez como un momento alegre.  Y esto lo hago a través de las memorias felices, llenas de risas y carcajadas.

Les doy unos ejemplos aquí para no quedarme corta.  La vez pasada él estaba bravo porque no quería irse a dormir (historia de todos los días).  La rutina en la casa de dormir es ver cómica de 7:15-7:45 y para el cuarto a las 7:45.  El se rayó y le dije Nicolás tu sabias que mami sabe apagar el control de la televisión con la nariz? Y me puse cual woody woodpecker a apagar la tele con la nariz.  Las carcajadas que saco ese chiquillo eran dignas de un noise complaint. Todo fue olvidado.

Hace poco tampoco querían dormir y el papá les jugaba un juego. Les decía adivinen un número del 1 al 5 mil y ellos decían: “5 mil!”  Y el papá gritaba “como lo sabían?” con una voz loca. Y se morían de risa. Lo hizo con cual número se le ocurriera. 5 mil, 10, 1 millón, infinito, etc. BASICO. No hace falta tanto esfuerzo para que ellos se rían.

Así que ya saben, inténtelo. A payasear, la fórmula secreta para la disolución de las pataletas. Si no puedes contra ellos, úneteles.

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